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  Ciudadanos sin Rumbo
 

Ciudadanos sin Rumbo  

Acabamos de cumplir un año desde la marcha nacional en contra de la inseguridad, la impunidad y la corrupción de las autoridades. ¿Qué ha pasado? Nada interesante en cuanto a resultados.

Mi impresión es que los representantes cometieron el error de dispersar la presión. De hecho, las autoridades aun se estarán preguntando qué es lo que realmente desean los ciudadanos. ¿Qué baje la delincuencia?

Pues si ese fuera el reclamo, los dirigentes del movimiento  nacional se han encargado de solicitar las mil y una acciones y las autoridades de intentar cumplirlas, pero eso no tiene nada que ver con bajar la delincuencia.

No quiero desprestigiar a ningún movimiento, ni minimizar las acciones, simple y llanamente, su esfuerzo ha ido en la dirección equivocada o mejor dicho, sin dirección. Han tratado de impulsar acciones específicas sin ser expertos en la materia y la curva de aprendizaje es sumamente lenta, tardada y costosa. Lo único que los ciudadanos somos es ciudadanos expertos y por tanto, debemos exigir y medir resultados, eso es mucho más fácil de exigir y de medir.

En México nadie sabe cómo anda la delincuencia. Hay encuestas por aquí y por allá, pero no tenemos el dato duro de la incidencia delictiva ya que las Procuradurías salvo contadas excepciones como Nuevo León, no publican esta información o mejor dicho, la manejan como propiedad privada y la sueltan por goteo, por excepción y siempre de manera extemporánea. Eso es pecado mortal: sin rendición de cuentas no hay mejor país.

La falta de rendición de cuentas viene empaquetada dos formas básicas: Los gobiernos se guardan sus bases de datos y los gobernantes no se comprometen con resultados medibles.

Los institutos de transparencia - que fueron creados para abrir este candado -no funcionan correctamente y si no me cree, haga el intento de obtener información a través de uno de ellos, yo he probado casi todos los estados con el fin de obtener la estadística delictiva con muy poco éxito. El uso de esta vía además, debe ser la excepción, no la regla; si los gobiernos informaran, si abrieran sus bases de datos que son nuestras y no de ellos, no tendríamos que hacer ninguna petición de información.

Lo que aun no captamos en México es que los sistemas cerrados tienen un costo altísimo de corrupción e ineficiencia; son caóticos por naturaleza y están sujetos al desorden. La única herramienta con la que contamos para poder tener un mejor gobierno es la información pública, mientras no la tengamos, seguiremos perdiendo lugares en el panorama internacional de competitividad. Los datos son el punto de apoyo, la palanca es que sean públicos y con ellos podremos mover al sistema en la dirección deseada al compararnos contra nosotros mismos y contra el mundo. Dicho en términos de la Teoría de Caos: la oscuridad informativa es un atractor, no extraño, sino perverso.

En síntesis, el grado de desarrollo de un país es medible a través de la cantidad, calidad y oportunidad de la información pública. En el caso de la delincuencia, debemos esperar meses y años para obtener la estadística y por tanto, se pierde la oportunidad de estar presionando mes a mes a los responsables y de tomar nuestras propias decisiones.

El Universo se ordena con información, eso quiere decir que los sistemas complejos como el gobierno se ordenan de igual manera. Cuando salió el Semáforo Delictivo en octubre del 2008 en Nuevo León, los alcaldes  desconocían el estado de la delincuencia en su propio municipio. Conocían las acciones y la inversión en seguridad pero desconocían los resultados. Algunos de ellos reaccionaron con coraje, otros trataron de descalificar la estadística de la PGJ pero al final de cuentas, tuvieron que aceptar que no sabían en dónde estaban parados. Algunos de ellos, empiezan a corregir estrategias y de los otros, tenemos no sólo la opinión, sino la certeza numérica de que no han hecho su chamba.

Las acciones son muy relevantes pero sólo en función del resultado. En México los sistemas presupuestales de Gobierno no lo han entendido así: se controla quien gasta y en qué, pero no para qué. Por tanto, la planeación estratégica -cuando la hay- habla de acciones pero no de resultados. Pareciera que todo el sistema está distraído con gastar y hacer mucho sin saber a dónde va. Pero el Mundo sí sabe a donde va México: hacia la incompetencia, hacia la inseguridad, hacia la pobreza y hacia las crisis recurrentes. Ocupamos todavía un nivel importante en la tabla de competitividad por el tamaño del mercado y las estabilidad de la economía pero no por la calidad de las instituciones. Es decir, no es mérito propio.

El Presidente Calderón, en su informe, nos habla con valentía y pretende dibujar un rumbo pero no le pone medición ni meta. Cuando entró, hizo un ejercicio de Planeación Estratégica pero nunca lo publicó, se quedó en lo oscurito. Le faltó la ética y la valentía necesaria para abrirse ante el problema.

Los políticos le tienen pavor a no poder cumplir con una meta de resultados y por ello, la evitan. Hubiera sido más útil que nos dijera cuantos lugares quiere ascender en el nivel de competitividad de México, ya fuese de educación, de salud, de seguridad, de transparencia, de inversión, de riqueza o de cualquier otro tema trascendente y comparable contra el resto del mundo. Entonces, el informe –una vez más- queda en lo que es: discurso político. Bueno, pero sólo discurso.

Los movimientos ciudadanos han caído en la trampa y se han metido en el mismo berenjenal de actividad sin rumbo y por tanto, han dispersado la energía de la marcha del año pasado.  Por eso, este año, el aniversario fue desangelado, pareciera que de nada sirvió la energía ciudadana.

Me recuerdan a los movimientos ecologistas de los ochenta, muy entusiastas pero mal informados y sumamente dispersos. Sin embargo, hay esperanza: Si logran enfocarse en una sola cosa- que es abrir la información de la estadística delincuencial- pueden lograr transferir el poder hacia la ciudadanía. Ese es el verdadero objetivo. ¿Alguien está escuchando?

Septiembre 2009.


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