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  Lecciones Colombianas
 

 
Autor: Santiago Roel
Fecha: 02/10/2010

El Norte/ Reforma

Octubre 2 2010

 

Volteamos a ver a Colombia para ver si encontramos alguna solución a la grave situación que estamos viviendo en México.

 

Encuentro varias lecciones importantes de la experiencia colombiana, pero la más importante es que no han acabado con el problema. Han hecho mucho, pero la relación narcotráfico-violencia-corrupción-desigualdad persiste. A veces disminuye la violencia, a veces se disfraza a través de la corrupción, pero siempre está ahí.

 

La razón es sencilla. Colombia no cuestiona el origen del narcotráfico, Colombia acepta y sigue el modelo norteamericano de combatir los efectos, pero no las causas del narcotráfico; ilusoriamente, pretende suprimir la oferta de la droga.

 

Colombia y Estados Unidos se apoyan mutuamente en un modelo desgastado e ineficaz porque la guerra contra las drogas está perdida desde la nación estadounidense: mayor oferta, menores precios, más adicciones.

 

Colombia y México pelean una guerra contra el mercado de drogas más grande del planeta con un valor de más de 200 mil millones de dólares anuales. Equivalente a 10 veces al presupuesto de la defensa de nuestro país.

 

Para los estadounidenses es muy cómodo culpar a México y a Colombia por los errores de su política prohibicionista equivocada, y Colombia y México siguen este juego perverso sin ningún beneficio y sí con un gran costo social, político y económico. Somos los chivos expiatorios de esta tragedia.

 

La lección entonces es que México siga su propio camino y no el de la DEA: "Tú le envías dinero sucio y armas a mis enemigos, yo no hago nada por cuidar el envío de droga a tu país. Que cada quien cuide sus fronteras". Colombia no se ha atrevido, México tampoco, y mientras así sea seguiremos con graves daños a nuestra sociedad.

 

Es una variable que está en nuestro control, pero que se desvía con el comentario fácil de: mientras no se legalice la droga en Estados Unidos nosotros no podemos hacer nada. Esto es falso. México puede seguir otro camino, como lo han seguido los países europeos.

 

La segunda lección colombiana, por lo menos de Medellín y de Bogotá a través de Antanas Mockus y Sergio Fajardo, es más positiva: la desigualdad social.

 

En efecto, la falta de oportunidades para el 50 por ciento de la población -los olvidados- es un tema de gran preocupación. Ahí es donde estos profesores convertidos en políticos tienen mucho qué decir, aunque sólo sea en el tema de combatir los efectos, no sus causas: atención especializada a los barrios más conflictivos para generar esperanza y energía positiva.

 

No hay, sin embargo, propuestas concretas de más fondo. El modelo precapitalista de Latinoamérica genera multimillonarios y pobres, y se alía con los partidos políticos en la simulación y el privilegio. A ese grupo se unen las televisoras para mantener a las élites seguras y a las masas desinformadas y apaciguadas.

 

Ahí surge una tercera lección: el problema de la política. Ambos profesores de matemáticas se animaron a entrarle a la política ante la desesperación de que los políticos tradicionales no hacían nada bueno; los cárteles llegaron a controlar incluso al 38 por ciento del Congreso colombiano.

 

En síntesis, lo que proponen es muy sencillo: esto es de verdad, la gente ya no quiere políticos preocupados por su imagen y su poder, quiere políticos que se comporten con ética y que busquen el verdadero bien común. Un tema muy actual en México.

 

Después de esto, lo demás son anécdotas y métodos, como el de una Policía Nacional, como el de la unión de los medios, o el cliché de que "hay que fortalecer las instituciones". Por tanto, éstas son las lecciones colombianas de peso: 1. No hay salida mientras México no se desligue de la política prohibicionista de Estados Unidos. Seguiremos combatiendo una guerra perdida y cada vez más cruenta.

 

2. El tema social es fundamental. Se debe cuestionar el modelo económico-político mexicano para salir de esta perversa protección de monopolios sindicales, educativos, políticos y empresariales que nos lleva por la senda de la incompetencia y la desigualdad.

 

3. Es tiempo para políticos y política de verdad.

 

Estamos ante un punto de quiebre para México, el fortalecimiento de las mafias por el narcotráfico y la pérdida de poder del Estado mexicano es sólo el detonador de la crisis que lleva a enfrentarnos con las sombras colectivas.

 

Se acabó el tiempo para chivos expiatorios y para máscaras, hemos llegado a ese momento en el que nos enfrentamos a nuestra sombra y resolvemos de fondo o se pierde la oportunidad de ser un país con desarrollo sustentable.

 

 

El autor es especialista en sistemas de calidad de gobierno y creador del Semáforo del Delito.sroel@hellohelp.org


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